Las Trepidantes Aventuras de Fernando Soriano y un Pothos

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Dukros
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Re: Las Trepidantes Aventuras de Fernando Soriano y un Pothos

Mensaje por Dukros » Lunes 04 de Agosto de 2025, 11:24

02/08/2025 - Un Ficus y un madridista

Manu Sainz entró en su despacho. No entendía nada. ¿A qué venía aquella felicitación de Tomás, el chico que hacía los gráficos para redes? ¿Qué publicación ni qué publicación? ¿Aquí ya nadie respetaba la jerarquía o qué? Se sentó en la mesa y encendió el PC. La pestaña de X estaba, como siempre, abierta nada más abrir el navegador. Allí en primer lugar, aparecía en su timeline una publicación. Un vídeo del último fichaje, el tal Loureiro. Con unos planos de naturaleza campestre, y una voz en off del propio jugador. Era bonito, había que admitirlo, pero... ¿Quién demonios había autorizado y ordenado hacer ese vídeo? Manu no recordaba ni por asomo haber oído que se estuviera cociendo aquella publicación en su departamento, y no era la primera vez. El vídeo de la presentación de Quagliatta, con Yeremay y Patiño aprendiendo italiano, también había sido creado y publicado sin su beneplácito, pero todos aseguraban no saber nada, y le llamó poderosamente la atención que le preguntaran a él si no había sido cosa suya. Tal vez mentían, tal vez no. Pero sus caras de asombro de aquel día parecían tan reales...

Un extraño ruido le sacó de sus pensamientos. Algo detrás de él. Se giró asustado. Allí solo había una estantería llena de libros, figuritas y parafernalia sobre el Real Madrid, un enorme cuadro de él abrazándose con Florentino Pérez en blanco y negro... y un ficus en maceta, como de metro y medio de altura, con una bufanda del Real Madrid por encima. Aquel horrible ficus que nunca le había gustado, igual que no le gustaban las plantas en general, pero que le daba pereza deshacerse de él. Total, con regarlo de vez en cuando, adornaba un poco aquel desangelado despacho de provincias que le habían dado. Buen sueldo, sí, pero despacho ciertamente mejorable y lejos de los bonitos despachos modernistas y urbanitas que había visto en las oficinas del Bernabeu.

De pronto, algo se movió en el ficus. Manu dio un respingo, se levantó de súbito, y corrió hacia la planta. Allí todo seguía en su sitio. Las hojas blancas y verdes, las ramas color ceniza. Por un momento pensó que se había colado algún ratón, pero en aquel ficus desangelado no había mucho sitio para esconderse. No. Debía haber sido una corriente de aire.

Manu volvió a sentarse y a intentar concentrarse en volver a ver ese vídeo del fichaje de Loureiro tan bien hecho que él no había mandado a hacer. Tenía que hablar con los de vídeo, a ver quién había tenido la idea de hacerlo y publicarlo sin consultarle. Pero Manu no pudo concentrarse. Cada cinco segundos no podía evitar girarse para ver si el ficus que había tras él volvía a moverse. Y no podía evitar sentir que aquella planta le miraba.

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Dukros
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Re: Las Trepidantes Aventuras de Fernando Soriano y un Pothos

Mensaje por Dukros » Lunes 11 de Agosto de 2025, 10:29

11/08/2025 - El Contestador de Fernando

Fernando entra a su despacho quitándose una legaña y dejando unas carpetas y un vaso de cartón con café sobre la mesa. Otro puñetero lunes de mercado de fichajes. El sol del amanecer entra por la ventana. Las hojas del Pothos proyectan una sombra que se asemeja a una sonrisa malévola, pero Fernando prefiere ignorarlo. No entiende qué tanto sueña últimamente con esa planta de interior, y cree que está empezando a ver cosas donde no las hay. Sacude la cabeza y se sienta en la silla.

Va a encender el ordenador cuando ve una lucecita roja en el teléfono de su mesa. Mierda. Es verdad... Hoy es lunes., murmura. Había olvidado que los lunes empiezan siempre llenos de mensajes que le han dejado los representantes y otros directores deportivos en el contestador. ¿Es que no pueden estarse quietos? ¿¿Desde cuándo se trabaja los fines de semana?? A él no le pagan por echar horas los sábados y los domingos... y bastante tiene a lo largo de la temporada con aparecer por los partidos de Riazor sin ver un céntimo por ello... Finalmente, se arma de valor, y aprieta el botón de escuchar mensajes.

—TIENE DIECISÉIS MENSAJES NUEVOS..
—¿¿Cuántos?? —exclama Fernando.
—...RECIBIDO EL NUEVE DE AGOSTO, A LAS ONCE CERO DOS.
—Ya empezamos... mañana del sábado sin estar con la familia o irse a pescar o a caminar por el monte.... ¿Es que la gente no tiene vida? —murmura Fernando para sí.
—Buenas, señor Soriano. Mi nombre es José Alberto Rodríguez, soy representante de New Talent Enterprise, empresa internacional que representa a cientos de jugad...
—Blablablabla —murmura Fernando—, venga, al grano.
—...dígame cuándo podemos hablar. Tengo entendido que necesitan un delantero centro goleador y tengo un par de nombres que le interesan —Fernando se revolvió en la silla—. Ambos promedian unos 13-16 goles por temporada en las últimas 3 temporadas en ligas de primer nivel, y sus clubes están pidiendo una cantidad bastante baja por darles salida, el más caro apenas 1.2 millones de euros, que creo que para los números que maneja están súper bien. Por favor, llámeme cuanto antes si está interesado. Un saludo. FIN DEL PRIMER MENSAJE —dijo un cambio de voz— SEGUNDO MENSAJE. RECIBIDO EL DÍA NUEVE DE AGOSTO A LAS DOCE TREINTA Y CUATRO.
—No, no, no. Espera. ¿Cómo coño se miraba el puto número de teléfono que te envía cada mensaje? —Fernando, desesperado, levanta el terminal telefónico, buscando botones y mirando la pequeña pantallita llena de símbolos. ¿Será el símbolo del teléfono con una flecha hacia arriba? ¿O el símbolo de la almohadilla con asterisco? ¿O ese símbolo de un disquete...?
—Hooola, Fernando, soy tu madre. Miiiira, ¿Al final vas a venir al cumpleaños de tu prima o no? Porque... —Fernando aprieta el único botón que domina, el de siguiente mensaje— TERCER MENSAJE, RECIBIDO EL DÍA NUEVE DE AGOSTO A LAS...
—Noooooo. ¡Necesito el número del primer mensaje del contestador! ¡Siri! ¡Alexa! ¡Ok Google! ¡Quiero el número del primer mensaje!
—NO TE HE ENTENDIDO, POR FAVOR, HABLA ALTO Y CLARO —se oye desde su bolsillo. Es una voz sensual. De fondo, sigue sonando la voz robótica en off del contestador, ya por el cuarto mensaje.
—¡AAAAAhhhh!! —Grita Fernando, claramente desesperado.
—... tardes. Verá, doctor. Yo querría pedirle cita para esta semana, para mirarme una cosa que tengo en la parte de delante del pie, junto al juanete gordo. Mi marido dice que es un papichulo o papilomo o algo así. Yo es que de pedología no tengo ni idea, ¿sabe? Pero vamos, lo que sí estoy segura es que es un hongo o una seta, porque en clase de aquagym, mi amiga Lourdes dice que tenía que haberme puesto las chanclas para ir hasta la piscina desde el vestuario, y yo eso pues no lo cumplo mucho porque con el juanete gordo, las chanclas que me regaló mi marido me hacen daño y...
—¡¡PERO QUÉ COJONES ES ESTO...!! —exclama Fernando, atónito, mirando con horror el teléfono que sostiene entre las manos.
—HA BUSCADO AQUAGYM. EL AQUAGYM, TAMBIÉN CONOCIDO COMO GIMNASIA ACUÁTICA, HIDROGIMNASIA O ACUAERÓBIC, ES UN DEPORTE QUE COMBINA LOS BENEFICIOS DE... —Sonaba desde su bolsillo.

Fernando, arrebatado por el caos, lanza su móvil con fuerza por encima de la mesa con tan buena suerte que cae en el pequeño sofá y rebota, cayendo más suavemente al suelo de lo que debería.

—SÉPTIMO MENSAJE. RECIBIDO AYER, DOMINGO DIEZ, A LAS NUEVE CERO NUEVE. Buenas noches por la mañana, podólgo... polódgo... pedólog... doctor de los pies. Verá, he estado yo pensando, que si me podría mirar también en el otro pie un engrosamiento de lo que viene siendo el talón. Me han salido grietas. Unas grietas profundas como el cañón del Colorado. No sé si será por tanta agua en el aquagym, o quizá porque mi marido me ha pedido el divorcio y yo claro, con el susto el cuerpo reacciona y se agrieta todo y...
—HAS BUSCADO DIVORCIO —se oye desde el móvil tirado en el suelo junto al sofá—. LAMENTO MUCHO OÍRLO, FERNANDO. A VECES, EL AMOR NO ES PARA SIEMPRE. AQUÍ TIENES UN LISTADO DE ABOGADOS ESPECIALIZADOS EN DIVORCIOS QUE PODRÁN HACERTE ESTE TRÁMITE LO MÁS LLEVADERO POSIBLE.

Goterones de sudor recorren la frente de Fernando. Su boca, torcida en una mueca desencajada. Su corazón a mil por hora. Está a punto de lanzar también el teléfono fijo por el aire, preso de la desesperación, cuando oye una voz conocida.

—Buenas de nuevo, señor Soriano. Soy José Alberto, Rodríguez, de New Talent Enterprise. Mire, que usted sabe cómo van estas cosas en el mercado de verano, pero ha tardado tanto en responder que he tenido que contactar con otro club, y nada, se han llevado a los dos delanteros. Ja, ja, ja, sí, sí, el pack, al primer equipo que contacté después del suyo. Ni yo mismo me lo creo aún. El director deportivo con el que hablé me dijo que los va a poner a los dos juntos en el campo. Y son un club de media tabla de la primera división francesa, no es cualquier cosa, ¿eh? Je,je. Bueno, pero no se preocupe. Estaremos en contacto en el futuro, y si me entero de alguna ganga entre mis representados le avisaré. Venga, un saludo... FIN DEL NOVENO MENSAJE. DÉCIMO MENSAJE, RECIBIDO AYER DIEZ DE AGOSTO A LAS QUINCE VEINTICUATRO.

Fernando cae apesadumbrado en la silla, echa la cabeza hacia atrás y mira al techo. Voy a tener que pedirle a Mamen que me enseñe a redirigir las llamadas en fin de semana hacia mi móvil. ¡ME CAGO EN TODO, JODER!
—HAS BUSCADO "ME CAGO EN TODO" —se oye a lo lejos, desde el móvil del suelo— LAMENTO OÍR QUE SUFRES DE INCONTINENCIA, FERNANDO. ES POSIBLE QUE SEA POR EL ESTRÉS DEL DIVORCIO. AQUÍ TE MUESTRO DIEZ TRUCOS QUE HE ENCONTRADO EN INTERNET PARA DEJAR DE TENER DIARREA. ¡EL DÉCIMO TE SORPRENDERÁ!

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tatukovic
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Re: Las Trepidantes Aventuras de Fernando Soriano y un Pothos

Mensaje por tatukovic » Domingo 24 de Mayo de 2026, 22:22

El Pothos nos trajo a Bil sabiendo que sería determinante.

Gracias Pothos!!

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Dukros
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Re: Las Trepidantes Aventuras de Fernando Soriano y un Pothos

Mensaje por Dukros » Lunes 25 de Mayo de 2026, 11:28

25/05/2026 - Con los pies sobre la mesa

—¿Lo has madurado bien, eh, cabrón?
—¡Fernando, a mis brazos, joder! ¡Algo de culpa has tenido tú también!

Fernando Soriano se abrazaba con fuerza a Antonio Hidalgo. Mamen, la secretaria, se había levantado de su escritorio para aplaudirles.

—Ni en mis mejores sueños, Antonio. -decía Fernando mientras le daba palmadas en la espalda
—¿Qué pasa? ¿No confiabas en mí? —el semblante de Hidalgo se mudó desde una sonrisa enorme a la seriedad más absoluta. Se separó de golpe, rompiendo el abrazo. Su mini-perilla era un punto y aparte.
—Eh... oh... cla-claro, joder, Antonio, Antoñito.... Siempre. ¡Siempre, hostia! ¿Quién te trajo, eh? Te traje y te mantuve siempre porque siempre confié en ti. -Soriano torcía el gesto, forzando una sonrisa.
—Jajajaja, es broma, Fer, joder, tranquilo. Que estoy de coña. Bueno, me voy, que tengo que madurar esta alegría tan grande que tengo -dijo, guiñándole un ojo.
—Jajajaja... ja... ja... -Soriano se quedó con la boca torcida mientras veía alejarse a Antonio.

Si él supiera la de veces a lo largo de la temporada que tuvo que rechazas irse a comer tortillas en Betanzos con Massimo... Las rechazó todas. Todas y cada una de las veces pensó que, aunque era solo una leyenda, ir a comer esas tortillas podía desencadenar en un despido fulminante. Especialmente llamativas fueron las insistencias de Benassi a ir a comer tortillas después del partido de la Real B, del Andorra, del Granada... Fernando llegó incluso a justificarse con que tenía alergia al huevo, pero Benassi insistía que al restaurante de Betanzos donde iban tenían otras cosas que no eran tortillas igual de ricas.

Por suerte, la carta de despido nunca llegó. Y ahora que ya había pasado todo, Fernando mantenía cierta curiosidad por saber a qué sabían aquellas tortillas tan famosas de Betanzos. Tal vez debía ir por su cuenta. A escondidas. Massimo no debía saberlo.

—Mamen, que no me moleste nadie, voy a mi despacho. Necesito digerir solo esta temporada tan complicada.
—Claro, Fernando. Y otra vez, felicidades.
—Gracias, gracias.

Fernando Soriano cerró tras de sí la puerta de su despacho. Se sentó en la silla, dudó un momento, pero finalmente, con una enorme sonrisa, estiró los pies sobre la mesa. Abrió el primer cajón del escritorio, sacó el puro que tenía reservado para aquel momento, y lo encendió con un encendedor de aspecto antiguo que decía "Banco Etcheveverría".

Le dio una larga calada al puro y sonrió aún más para sus adentros y murmuró "Joder, Fernando, eres el puto amo. Lo has logrado".

Estaba dándole la segunda calada al puro cuando la puerta se abrió de golpe. Un señor en chándal, pelo blanco repeinado para atrás, y llevando un pequeño saco entró por la puerta rápidamente.

Fernando escupió el puro del susto, que cayó sobre el escritorio desperdigando ceniza sobre unos papeles. Bajó las piernas a toda velocidad, tirando en el proceso un par de carpetas y unos bolígrafos al suelo. Se puso en pie todo lo rápido que pudo mientras intentaba esconder el puro sin saber donde, hasta que finalmente lo lanzó dentro del cajón de donde lo había sacado. Con la diferencia, claro, que ahora el puro estaba encendido.

—Don Fernando, qué tal está usted. Perdone la intromisión. Vengo solo a una cosa rápida y ya luego me voy.
—Se-señor Patr... Presidente, su ilustrísima. ¿Cómo está usted? ¡Qué honor tenerle por aquí!
—Ah, el plaser es mío Fernando. Gran trabajo, gran temporada, gran planificasión. Le felisito. Tremenda vaina la suya.
—Va... ¿vaina, señor?
—Sí, que muy bien lo que ha hecho, vaya. Los chamos que trajiste esta temporada han sido soberbios.
—Gra-gracias, señor. No habría sido posible sin...
—Ya, ya, me da igual. Bueno, lo que le desía. Yo venía a una cosa rápida y ya me iba. Así que, si me permite...

Juan Carlos Escotet rodeó la mesa y se acercó a la ventana ante la atónita mirada del Director Deportivo. Solo entonces Fernando pudo leer lo que ponía el saquito que llevaba en brazos el presidente. "Abono Orgánico completo. Especial para Pothos y otras plantas de Interior. De la marca Compo. Juan Carlos apoyó el saco sobre la mesita junto a la ventana, se metió la mano en el bolsillo y sacó una navaja. Fernando sintió un escalofrío cuando vio al patrón accionar el mecanismo que desplegó la hoja. Brillaba al sol de la mañana, y Escotet la mantuvo firme en el aire, durante un largo instante que Fernando no supo cómo interpretar. Finalmente, rajó el saco por la parte de arriba, y se volvió a guardar la navaja en el bolsillo del pantalón de chándal. Volcó con cuidado parte del contenido en la maceta con el Pothos y, por último, se inclinó para susurrarle algo a la planta que Fernando no llegó a escuchar.

Cogió el saco, y se dirigió a la puerta, sonriente.

—Don Fernando, hágame un favor, ¿quiere?. Riegue usted este Pothos. Y cuídelo. Si lo hase chévere, él le seguirá cuidando a usted. Lo ha hecho bien hasta ahora, no vaya a estropearlo, ¿eh?
—Eh... cla-claro, señor Presidente. Yo soy un gran amante de la naturaleza, siempre cuido las plantas y...
—Me da igual la naturalesa. ¡El coño la'mare con la naturalesa! El pothos, Fernando. El maldito pothos es todo lo que importa.
—Sí, sí, claro, señor presidente. Cuente con ello.
—Bien. Ah, y haga el favor también de apagar ese puro que tiene en la gaveta. No queremos que ardan estas oficinas nuevas de Abegondo, con lo que me han costado. ¡Adiós!

No se había ido el Patrón cuando Fernando ya estaba abriendo el cajón y sacando el puro humeante. Muy nervioso, lo aplastó contra una de las carpetas para apagarlo (no había ceniceros en su despacho, y muy probablemente, tampoco en todo el edificio) y oyó cerrar la puerta del despacho de un portazo.

—¿¿Pero qué cojones acaba de pasar?? —se dijo Fernando en voz alta mirando con curiosidad la planta que había en la ventana, sus hojas refulgiendo a la luz de esta primera mañana ya en primera división. —No... ¿No soñé yo una vez que este pothos...?

Y el pensamiento loco y absurdo que se le pasó entonces por la cabeza a Fernando Soriano le heló la sangre.

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marble
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Re: Las Trepidantes Aventuras de Fernando Soriano y un Pothos

Mensaje por marble » Lunes 25 de Mayo de 2026, 19:43

Dukros escribió:25/05/2026 - Con los pies sobre la mesa

—¿Lo has madurado bien, eh, cabrón?
—¡Fernando, a mis brazos, joder! ¡Algo de culpa has tenido tú también!

Fernando Soriano se abrazaba con fuerza a Antonio Hidalgo. Mamen, la secretaria, se había levantado de su escritorio para aplaudirles.

—Ni en mis mejores sueños, Antonio. -decía Fernando mientras le daba palmadas en la espalda
—¿Qué pasa? ¿No confiabas en mí? —el semblante de Hidalgo se mudó desde una sonrisa enorme a la seriedad más absoluta. Se separó de golpe, rompiendo el abrazo. Su mini-perilla era un punto y aparte.
—Eh... oh... cla-claro, joder, Antonio, Antoñito.... Siempre. ¡Siempre, hostia! ¿Quién te trajo, eh? Te traje y te mantuve siempre porque siempre confié en ti. -Soriano torcía el gesto, forzando una sonrisa.
—Jajajaja, es broma, Fer, joder, tranquilo. Que estoy de coña. Bueno, me voy, que tengo que madurar esta alegría tan grande que tengo -dijo, guiñándole un ojo.
—Jajajaja... ja... ja... -Soriano se quedó con la boca torcida mientras veía alejarse a Antonio.

Si él supiera la de veces a lo largo de la temporada que tuvo que rechazas irse a comer tortillas en Betanzos con Massimo... Las rechazó todas. Todas y cada una de las veces pensó que, aunque era solo una leyenda, ir a comer esas tortillas podía desencadenar en un despido fulminante. Especialmente llamativas fueron las insistencias de Benassi a ir a comer tortillas después del partido de la Real B, del Andorra, del Granada... Fernando llegó incluso a justificarse con que tenía alergia al huevo, pero Benassi insistía que al restaurante de Betanzos donde iban tenían otras cosas que no eran tortillas igual de ricas.

Por suerte, la carta de despido nunca llegó. Y ahora que ya había pasado todo, Fernando mantenía cierta curiosidad por saber a qué sabían aquellas tortillas tan famosas de Betanzos. Tal vez debía ir por su cuenta. A escondidas. Massimo no debía saberlo.

—Mamen, que no me moleste nadie, voy a mi despacho. Necesito digerir solo esta temporada tan complicada.
—Claro, Fernando. Y otra vez, felicidades.
—Gracias, gracias.

Fernando Soriano cerró tras de sí la puerta de su despacho. Se sentó en la silla, dudó un momento, pero finalmente, con una enorme sonrisa, estiró los pies sobre la mesa. Abrió el primer cajón del escritorio, sacó el puro que tenía reservado para aquel momento, y lo encendió con un encendedor de aspecto antiguo que decía "Banco Etcheveverría".

Le dio una larga calada al puro y sonrió aún más para sus adentros y murmuró "Joder, Fernando, eres el puto amo. Lo has logrado".

Estaba dándole la segunda calada al puro cuando la puerta se abrió de golpe. Un señor en chándal, pelo blanco repeinado para atrás, y llevando un pequeño saco entró por la puerta rápidamente.

Fernando escupió el puro del susto, que cayó sobre el escritorio desperdigando ceniza sobre unos papeles. Bajó las piernas a toda velocidad, tirando en el proceso un par de carpetas y unos bolígrafos al suelo. Se puso en pie todo lo rápido que pudo mientras intentaba esconder el puro sin saber donde, hasta que finalmente lo lanzó dentro del cajón de donde lo había sacado. Con la diferencia, claro, que ahora el puro estaba encendido.

—Don Fernando, qué tal está usted. Perdone la intromisión. Vengo solo a una cosa rápida y ya luego me voy.
—Se-señor Patr... Presidente, su ilustrísima. ¿Cómo está usted? ¡Qué honor tenerle por aquí!
—Ah, el plaser es mío Fernando. Gran trabajo, gran temporada, gran planificasión. Le felisito. Tremenda vaina la suya.
—Va... ¿vaina, señor?
—Sí, que muy bien lo que ha hecho, vaya. Los chamos que trajiste esta temporada han sido soberbios.
—Gra-gracias, señor. No habría sido posible sin...
—Ya, ya, me da igual. Bueno, lo que le desía. Yo venía a una cosa rápida y ya me iba. Así que, si me permite...

Juan Carlos Escotet rodeó la mesa y se acercó a la ventana ante la atónita mirada del Director Deportivo. Solo entonces Fernando pudo leer lo que ponía el saquito que llevaba en brazos el presidente. "Abono Orgánico completo. Especial para Pothos y otras plantas de Interior. De la marca Compo. Juan Carlos apoyó el saco sobre la mesita junto a la ventana, se metió la mano en el bolsillo y sacó una navaja. Fernando sintió un escalofrío cuando vio al patrón accionar el mecanismo que desplegó la hoja. Brillaba al sol de la mañana, y Escotet la mantuvo firme en el aire, durante un largo instante que Fernando no supo cómo interpretar. Finalmente, rajó el saco por la parte de arriba, y se volvió a guardar la navaja en el bolsillo del pantalón de chándal. Volcó con cuidado parte del contenido en la maceta con el Pothos y, por último, se inclinó para susurrarle algo a la planta que Fernando no llegó a escuchar.

Cogió el saco, y se dirigió a la puerta, sonriente.

—Don Fernando, hágame un favor, ¿quiere?. Riegue usted este Pothos. Y cuídelo. Si lo hase chévere, él le seguirá cuidando a usted. Lo ha hecho bien hasta ahora, no vaya a estropearlo, ¿eh?
—Eh... cla-claro, señor Presidente. Yo soy un gran amante de la naturaleza, siempre cuido las plantas y...
—Me da igual la naturalesa. ¡El coño la'mare con la naturalesa! El pothos, Fernando. El maldito pothos es todo lo que importa.
—Sí, sí, claro, señor presidente. Cuente con ello.
—Bien. Ah, y haga el favor también de apagar ese puro que tiene en la gaveta. No queremos que ardan estas oficinas nuevas de Abegondo, con lo que me han costado. ¡Adiós!

No se había ido el Patrón cuando Fernando ya estaba abriendo el cajón y sacando el puro humeante. Muy nervioso, lo aplastó contra una de las carpetas para apagarlo (no había ceniceros en su despacho, y muy probablemente, tampoco en todo el edificio) y oyó cerrar la puerta del despacho de un portazo.

—¿¿Pero qué cojones acaba de pasar?? —se dijo Fernando en voz alta mirando con curiosidad la planta que había en la ventana, sus hojas refulgiendo a la luz de esta primera mañana ya en primera división. —No... ¿No soñé yo una vez que este pothos...?

Y el pensamiento loco y absurdo que se le pasó entonces por la cabeza a Fernando Soriano le heló la sangre.

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Hahahahaha, sublime!

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